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Viajar en tiempos de COVID-19

Lo que lleva ocurriendo desde hace poco más de un año, es fruto de la forma con la que interactuamos con la naturaleza y el medio ambiente y que no puede ser calificada más que de irresponsable y egoísta.

Todo esto no ha hecho más que empezar

En los últimos decenios, la vida humana ha supuesto una auténtica catástrofe medioambiental. El uso indiscriminado de combustibles fósiles, la emisión de gases de efecto invernadero, la desforestación masiva, contaminación, uso indiscriminado de plásticos, uso de pesticidas y un largo etcétera, han abierto la puerta del cambio climático y de la transmisión de enfermedades, previamente desconocidas, al ser humano.

Todo esto no ha hecho más que empezar y al igual que sufrimos  fenómenos climatológicos extremos, la Covid19 puede ser la antesala de lo que puede estar por venir.

Ante situaciones extremas tenemos que reaccionar con urgencia e intentar entender lo que estamos haciendo mal y cambiar nuestros hábitos y costumbres a otras más saludables, sostenibles y respetuosas con el medio ambiente y con los seres que lo habitan.

Todas y todos hemos vivido estos meses entre el asombro y la incredulidad y preguntándonos el porqué de lo que nos estaba ocurriendo. A la vista de lo que está sucediendo parece claro que debemos modificar nuestra forma de consumir y el cómo debemos relacionarnos con nuestro entorno.

 

Responsabilidad

El viajar por placer, es actualmente un objeto de consumo, propio de sociedades del bienestar. Los objetivos de las personas que viajan, son y han sido diferentes y cubren un amplísimo espectro de intereses que van desde los más espurios a los más elevados. En los últimos dos siglos el viajar se ha estandarizado y popularizado hasta convertirse en un motor económico de primer orden que da trabajo a millones de personas y grandes aportes económicos a numerosos países en todos los continentes. Concretamente, supone un 12% del PIB mundial, y  crea empleo a una de cada 10 personas (NNUU-OMT 2019)

Pero también trae consigo numerosos problemas a los entornos donde se concentra la mayor presión turística, conllevando destrucción de ecosistemas y supeditación de los recursos y las formas de vida local a los flujos turísticos y a la masificación.

En este último año hemos visto a países cuya economía está basada en el turismo, tambalearse como zombis ante la falta de su principal fuente de ingresos y una excesiva dependencia del mismo.

 

Cambiar nuestra manera de viajar

Por todo lo anterior, parece claro deducir que debemos cambiar nuestra manera de viajar y es precisamente nuestro sector el que tiene que marcar las líneas por donde transitarán las futuras generaciones de viajeros y viajeras.

Lo que está pasando estos días en Nepal pone en claro ejemplo que hay que definirse y trazar una línea de actuación, que debe recorrerse bajo la dirección marcada por la Agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

Partimos de la premisa de que los países que queremos visitar necesitan de nuestra presencia y de que invirtamos nuestro dinero en los servicios y recursos que nos ofrecen, pero no podemos sustraernos a la responsabilidad que implica nuestra actuación.

Diseño y comercialización

Cuando diseñamos y comercializamos un producto hoy en día, debemos plantearnos en primer lugar si es sostenible y como afecta en la vida y en la economía de los países y la gente que visitaremos y que les aportará, para, a continuación, evaluar los costes medioambientales del mismo. También es nuestra obligación el elegir y formar equipos locales que presten servicios e interactúen con las poblaciones autóctonas de una forma justa, respetuosa y sostenible.

A mi juicio, como responsable de una empresa turística con  más de 40 años en el sector, soy consciente que estamos en la era post covid19 y eso significa innovación y transformación del turismo. Somos conscientes de la responsabilidad que adquirimos cuando diseñamos un viaje, debemos cuidar el mínimo detalle, reduciendo el impacto social y ambiental en todos aquellos lugares a los que vamos a llegar.

Nuestra apuesta va a discurrir por hacer más trekking, vivir más en la naturaleza, ser más responsables, evitar la masificación, elegir lugares remotos, utilizar proveedores pequeños y locales, estar más cerca de las comunidades y de las personas, en resumen trabajar para impulsar un turismo más inclusivo y cercano, más activo y real.

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Viajar en Pandemia

Hoy ya podemos viajar a muchos destinos, pero no podemos sustraernos a la realidad de que podemos ser vectores que permitan una transmisión incontrolada del virus o contraerlo. Al día de hoy, todas las personas conocemos unas normas básicas que han permitido a muchos países frenar la expansión de los contagios, pero esto que parece prioritario en nuestros países, a veces, lo olvidamos al bajar del avión al llegar a nuestro destino. Si la mascarilla no es obligatoria en ese lugar, consideramos que no merece la pena usarla, olvidando las distancias, la higiene y otras tantas otras cosas que hemos aprendido con dolor en los meses anteriores. A esto, sumamos que vamos a convivir con sociedades que, a menudo, no han tenido medios o información para comprender la magnitud de lo que está sucediendo o, en muchos casos, sus precarias condiciones de vida no les permiten ni tan siquiera decir que están enfermos, ante el temor de perder su trabajo y por tanto el sustento de sus familias.

Llegamos a los destinos protegidos por seguros y con una cobertura económica que nos puede permitir cosas que, en muchos casos, a la población local le resultan inalcanzables, podemos vivir en cómodos hoteles, fletar helicópteros de rescate, acudir a nuestras autoridades para solicitar apoyo o repatriación y encontrar sitio en un moderno hospital. En síntesis,  podemos vivir un riego controlado que contaremos a nuestras nietas y nietos como “aquellas aventuras” que viví en… Pero debemos evitar dejar atrás a personas contagiadas y carentes de asistencia y ayuda.

 

Control y consciencia

Nuestro nivel de exigencia y control como empresas y como personas conscientes de la responsabilidad que adquirimos cuando emprendemos un viaje, debe ser máxima. Hay que cuidar cada detalle para la seguridad del viajero, pero también medir el impacto sobre las personas y las áreas a visitar. Solicitar y proveer de los medios de control a los staff locales, realizar una labor formativa que les permita aminorar los riesgos y estar en permanente vigilancia ante los posibles contagios, mantener una disciplina absoluta en la interrelación entre personas visitantes y locales, prever, en la medida de lo posible, las situaciones que pueden acaecer para anticipar soluciones que aíslen los problemas e impidan su difusión y saber taxativamente, que si decidimos viajar, vamos a asumir un riesgo y debemos estar dispuesto a aceptar los imponderables derivados de lo impredecible y que deberemos afrontar sin generar riego o costes extras a las administraciones o las personas.

Esto es una situación excepcional y de esa manera deberemos responder.

José Antonio Masiá

Director Viajes Trekking y Aventura

ESP

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