¿Qué hacer cuando te ataca un gorila?

¡Maldito terreno! Apenas podemos caminar de pie, todo pincha, hay raíces, senécios, lobelias, árboles de los que desconozco su nombre y arbustos, pero sobre todo, una inclinación endemoniada del terreno que apenas nos permite caminar erguidos. Y como en una película de dibujos animados, vamos casi corriendo, con la lengua fuera, detrás de una gigantesca espalda plateada que avanza a través de la selva como un bulldozer.

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¿Cómo he llegado aquí?

 

Fueron los primeros ochenta, cuando caí por Ruanda. Los atractivos precios de la compañía Air Zaire y del país del que esta compañía era bandera, me había llevado a embarcarme en un viaje en el que pretendía visitar la región de Kivu, la zona fronteriza con Ruanda y Uganda, y atravesando longitudinalmente Ruanda, llegar a Tanzania, bordear el lago Victoria y finalizar el viaje visitando los Parques Nacionales del norte.

Cuando diseñé ese itinerario, había oído hablar del P.N de los Volcanes, de Dian Fossey y de los gorilas de montaña. 

Tenía muy poca información de lo que en aquellas enigmáticas montañas existía y, en gran parte, era lo leído en la revista de National Geographic de enero de 1970.

Las Montañas de la Luna

Las montañas de la Luna, o montañas Virunga, siempre han sido un lugar mágico. Cubiertas de bosques, donde la niebla se acomoda entre las ramas de árboles y arbustos de extrañas formas, forma una muralla verde que separa los cauces de dos de los grandes ríos africanos: el Congo y el Nilo, los de mayor longitud del continente, y que llega a su punto más alto en el Monte Ruwenzori, donde la Punta Margarita supera los 5000 m de altura en su cima cubierta de nieves eternas. Y es en ese ecosistema, que se reparte entre Ruanda, Congo y Uganda,  donde habitan los primates de mayor tamaño, los gorilas de montaña (Gorilla beringei beringei). Aún lado y otro de esta cadena se encuentra una abigarrada selva de montaña que se difumina según llega al valle para, finalmente, fundirse en la sabana hacia el este y mantener una de las más grandes selvas del planeta que acompaña al rio Congo hacia el oeste.

Esta región además de albergar especies singulares como los gorilas de montaña o el tímido Okapi (Okapia johnstoni) lo hace también con parques nacionales como el de Kahuzi-Biega, Garamba y Virunga en Congo; De los Volcanes en Ruanda y Queen Eslisabeth, Murchison Falls, Bwindi y Ruwenzori en la parte ugandesa, además de acoger a los grandes lagos del continente. Un auténtico paraíso de naturaleza y vida salvaje que se articula en el entorno a estas montañas, espina dorsal del África Central.

En el Parque Nacional de los Volcanes ( Ruanda)

Al pueblo de Ruhengueri llegué desde la ciudad de Goma (R.D de Congo). Había pasado unos día recorriendo la que se conocía como la Ruta de la Belleza y que me había llevado a visitar el P.N Virunga y las laderas del volcán Nyaragongo.  Este pueblo está situado en las proximidades de los volcanes Karisimbi y Visoke y próximo al Parque Nacional de los Volcanes. Poco sabía de los gorilas, pero menos sobre posibles visitas a los mismos y que se concedían permisos para ello.

En mi ruta tenía previsto unos días en la zona y decidí subir hasta una estación científica llamada Karisoke, donde podíamos alojarme y explorar la zona.

Era el año 1983 y estaba en Karisoke. Y allí vivía una científica de la que algo había leído: Dian Fossey. Está estación fue fundada por ella en 1967 y desde esa época estaba dedicada al estudio de los gorilas.

Este fue mi primer contacto con este animal, con su estudio y con el ecosistema en que vivía. Ver aquellas primeras fotos de estos enormes primates con sus nombres e identificaciones familiares, cráneos y huesos de los ya fallecidos me abrieron la puerta de la búsqueda de conocimiento pero también explotaron en mí la codicia de no perder aquella ocasión de poder verlos de cerca.

Lamentablemente los pocos permisos que se concedían en aquella época no cubrían el mayor número de demandas que aquel día que aquel día se superaba con creces con los allí presentes. Y la suerte no estuvo de mi lado, ni de la de otros compañeros de aquel viaje.

Cosas que pasan en África, alguien te susurra que hay un ranger fuera de servicio, que previo pago, se ofrece a llevarnos a ver a un grupo de gorilas a la mañana siguiente. Inexperiencia, desconocimiento, temeridad, todo mezclado me hizo aceptar una propuesta, que al día de hoy me resultaría absolutamente impresentable y por supuesto, rechazable.

Corriendo por las laderas del Visoke

Pero aunque mal hecho, hay que aceptar los errores, muy temprano en la mañana, nos juntamos un grupo de “clandestinos” con el ranger. Juntos iniciamos nuestra marcha a través de la selva cerrada que conforma las laderas del volcán Visoke. Silencio, nervios y mucha atención a un camino difícil e impreciso que el ranger va abriendo a golpe de machete. No recuerdo si fueron una o dos horas lo que tardamos en encontrar el lugar donde los gorilas habían dormido. Con esta certeza, la búsqueda se tornó en un fino rastreo donde ramas rotas, excrementos y cualquier grito nos indicarían la presencia de la familia que íbamos a visitar. En estas visitas siempre se dan unas instrucciones de cómo se debe reaccionar ante la presencia de los primates, en síntesis se debe permanecer en silencio, con los ojos bajos y no tocarles. Ellos se acercaran, normalmente mantienen una distancia, pero a veces te miran muy de cerca… y tener a un animal de más de 200 kg, golpeándose el pecho a medio metro tuyo, las cosas como son, espeluzna.

Algo se movió entre los arbustos, rápido. Nuestro ranger aceleró el paso y detrás, en fila todos nosotros. Estábamos siguiendo a un gran macho.

Y de pronto, esa mancha plateada a la que seguíamos ansiosos por verle, se volvió, se levantó sobre sus patas, y mientras enseñaba sus colmillos se golpeaba el pecho desafiante, no le habíamos caído nada bien. Inmediatamente se dirigió, hacia el ranger, al que seguro conocía, y le propinó un sonoro golpe en la espalda, que de no haberle pillado agachado, bien le hubiera lanzado colina abajo. Las instrucciones eran claras, el protocolo marcaba que en esos casos hay que agacharse y bajar la mirada. La realidad fue bien distinta. Según el ranger recibió el golpe propinado por el gorila, la compañera que iba detrás, decidió que el cumplir los protocolos no iba con ella y se lanzó a una veloz carrera ladera abajo pensando que el agraviado gorila iba a continuar la ronda de mamporros en riguroso orden y al ser ella la segunda, no quería quedarse a comprobar cuál sería su comportamiento.  El resto de las personas nos dispersamos con mayor o menor celeridad por la empinada ladera y con la sensación de sentir el aliento del gran macho detrás, hay que reconocer que no fuimos nada disciplinados. El animal, pienso que indicó a la persona que conocía, al ranger, que no tenía humor para aceptar visitas y que lo mejor era que nos marcháramos de su espacio. Por suerte para nosotros se dio la media vuelta y se perdió en la selva.

Con cierto temblor en las piernas y faltos de resuello, recompusimos nuestra imagen, recogimos algunas pertenencias que se habían caído de bolsillos y mochilas en la apresurada huida e iniciamos nuestro regreso a Karisoke.

Conclusión y culpa

Todo lo habíamos hecho mal. El ranger vio una posibilidad de obtener un dinero extra de un grupo de incívicos extranjeros y decidió llevarnos visitar un grupo de gorilas que estaba cerrado, ya que había dos machos que se habían peleado en días anteriores. Además de imprudentes e incívicos provocamos un conflicto en el Parque que supuso la suspensión de empleo y sueldo del citado ranger y una reprimenda por parte de los científicos al grupo que nos habíamos saltado las normas y puesto en peligro nuestras propias vidas.

Una lección que aprendí y que solo puedo excusar, en parte, por mi bisoñez.

Posteriormente he tenido ocasión de disfrutar de esplendidas visitas a otros grupos de gorilas en Djomba (R.D. Congo) y Uganda y puedo decir que es una de las experiencias más gratificantes que puedes vivir en la naturaleza.

Y tú, ¿has tenido oportunidad de visitar a los gorilas?

Si aún no has vivido esta experiencia única, en nuestra web Viajes Trekking y Aventura  encontrarás los viajes que tenemos para visitar a los Gorilas en Uganda o en Rwanda.


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